¡CUIDAMOS DE TI Y DE LOS QUE AMAS!

Luis Arias, afiliado de Cajacopi EPS, cuenta cómo ha cambiado su vida desde que le diagnosticaron esta enfermedad hace seis años. Hoy goza de buena salud gracias a su disciplina con el tratamiento.

En 2015, un fuerte dolor articular y una repentina hinchazón alertaron a Luis Arias Mesa sobre su estado de salud. Aun así, siguió trabajando. En ese entonces vivía en Venezuela y se ganaba la vida trabajando en construcciones. Sin embargo, los dolores aumentaron y su cuerpo cada vez más le mandaba señales: uno de sus pulmones se llenó de líquido y esto hacía que se ahogara con tan solo dar dos pasos, sus riñones se complicaron y el cabello se le empezó a caer.

Al verse tan afectado, cedió ante los llamados de su familia para regresar a Colombia y tratarse en su país natal, pues en Venezuela la medicina escaseaba y no tenía un diagnóstico exacto sobre su estado de salud. Al llegar, fue hospitalizado casi que de inmediato. Sin embargo, fue ante la visita de un médico especialista que logró conocer lo qué realmente le pasaba: Luis entendió que lo que le aquejaba era producto del lupus, una enfermedad autoinmune en la que el propio sistema inmunitario ataca los tejidos y las células sanas por error. 

De acuerdo con la Fundación de Lupus de América, esta enfermedad ataca, principalmente, a las mujeres en edad fértil. No obstante, los hombres, niños y adolescentes también pueden desarrollarla. Asimismo, informó que varios de los síntomas significativos que puede experimentar un paciente son dolor, fatiga extrema, pérdida de cabello, así como también enfermedades cardiovasculares, erupciones, derrames cerebrales y dolor en las articulaciones. 

Para él, los primeros días en la clínica fueron difíciles. La medicina que le recetaron era tan fuerte que la describía como sentir que le “corría fuego por la sangre”. No obstante, gracias al tratamiento su hinchazón bajó, sus pulmones expulsaron el líquido y las erupciones en la piel fueron secándose. Fue un mes de hospitalización en el que poco a poco, gracias al acompañamiento médico, recuperaba su salud. 

“Yo no sabía qué era esa enfermedad. Nunca sentí miedo y acepté que me había tocado enfrentarla, pero no sabía que era tan terrible porque no todo el mundo sale de ella”,  recuerda Luis. Así empezó su proceso, entendiendo lo que le pasaba y poniendo de su parte para mejorarse. Su vida en Venezuela la dejó atrás y se dedicó a cuidar su salud junto al apoyo de su familia, el mismo que hoy agradece, pues nunca lo dejaron solo. 

Iveth Mesa, madre de Luis, recuerda que esos días de hospitalización fueron complejos para todos. Le dolía ver a su hijo enfermo, pero aferrada a Dios oraba por su pronta recuperación. 

“Hoy tengo una felicidad grande de tanto pedirle a mi Dios. Por eso es importante ir al médico y constantemente se hagan chequeos porque eso no está demás”, enfatiza Mesa.  

Luis cuenta que su esposa, Estela Vera, tampoco se separó de su lado mientras pasaba la etapa más dura de su enfermedad. Cuenta que ella, junto a su hija de 10 años, le pedían a Dios por su salud y hoy día los tres, como familia, disfrutan de tenerlo en casa. Así siguió adelante y se aferró a la vida.  Además de tomarse las medicinas sagradamente, en casa salía a la terraza y apoyado en las rejas empezaba a caminar y luego a agacharse para estimular sus articulaciones. 

Luis también resalta la labor de Cajacopi EPS en su recuperación. Para este paciente, el acompañamiento de la entidad ha sido oportuno y se ha “sentido bien” en el tratamiento de su enfermedad. 

“Cajacopi EPS me ha dado a tiempo los medicamentos y ahora con los nuevos cambios me parece mejor porque ahora me los envían a mi casa. Ahora mismo me está viendo un reumatólogo, el nefrólogo y constantemente el médico general”, destaca. 

Han pasado seis años desde que se enfrentó por primera vez al lupus. Hoy día Luis puede trabajar y es autónomo en su día a día. Es mensajero y, para protegerse del sol, se cubre completamente para manejar su moto y transportarse por la ciudad. Sus dosis de medicina bajaron. Antes se tomaba alrededor de cuatro pastillas al día, hoy solo una diaria. Su rutina cambió y aunque debe estar en constantes chequeos médicos para tener el lupus controlado, asegura que hoy día puede llevar una vida tranquila junto a su familia. 

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